El fracaso del censo agropecuario

Crítica de la Argentina
Lunes, 21 de septiembre de 2009

Por N. Giarracca*

Es paradójico que mientras el Gobierno necesita datos confiables del campo, el INDEC haya presentado el Censo Agropecuario 2008 sin terminar.

En este país, por una razón u otra, los censos poblacionales y agropecuarios no han tenido las frecuencias recomendadas a todos los países con el fin de lograr comparaciones regionales e internacionales. Asimismo hubo censos, de uno u otro tipo, mejores o peores. Lo que no recordamos es que haya habido censos sin terminar o en las condiciones presentadas en el informe que el 28 de agosto por el INDEC, que habla del Censo Nacional Agropecuario 2008.

Como usuaria permanente de los censos agropecuarios me preguntaba si no existiría forma de darles alguna utilidad a esos datos que se presentan. Revisé provincia por provincia y en alguna de ellas los datos parecen tener alguna correspondencia lógica con los censos anteriores y con lo que conocemos que ha ocurrido en esas regiones. La cuestión básica es la imagen en el nivel nacional de los datos y especialmente en la región pampeana. Esto último era esperable toda vez que se larga una operación censal durante uno de los conflictos más complicados entre el sector agrario pampeano y el Gobierno. Recordemos que la operación censal comenzó en junio de 2008, semanas después de agudizarse el conflicto y, también es importante recordar, un tiempo posterior de que se hubiesen desplazado de sus cargos a quienes dirigieron los dos censos agropecuarios anteriores con notable profesionalidad.

En la provincia de Buenos Aires de más de 50 mil explotaciones censadas en 2002, se censaron apenas 30 mil y más de un irresponsable lo interpretaría como concentración de tierra en menos empresas si no se observa el dato de la superficie censada: de 25 millones de hectáreas disminuye a 16 millones; es decir que de las supuestas 20 millones de hectáreas que el informe declara no censadas, casi la mitad son de la provincia de Buenos Aires. Todo ello en una expansión de tiempo censal que agota todas las tolerancias posibles hasta en una simple encuesta agraria, de junio a octubre (son muchas las condiciones de producción, cosecha, labores que cambian en ese lapso). El informe habla de “segmentos abiertos”, eufemismo para contarnos que están pendientes o que nunca se censarán miles de explotaciones y millones de hectáreas.

Un operativo censal lleva mucho presupuesto, meses de preparación, consultas y luego un gran despliegue de personas que, simultáneamente en todo el país, aplican un cuestionario previo entrenamiento. Ni hablar de las etapas posteriores a pesar de los adelantos tecnológicos disponibles.

Es paradójico que en una coyuntura donde muchas áreas del Gobierno necesitan información confiable del sector agrario, esto ocurra. Es muy penoso que aquellos que periódicamente no sólo utilizamos los datos censales para nuestros trabajos sino que dábamos a conocer al gran público las grandes tendencias de cambio entre un censo y otro, nos hayamos quedado sin esa importante información. Y es alarmante que el gobierno y muchas instituciones autónomas como las universidades sigan sin comprender las graves consecuencias de esta intervención política a un organismo técnico que fue reconocido como ejemplo de excelencia y profesionalidad.

* Socióloga. Titular de Sociología Rural, Facultad de Ciencias Sociales.

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