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La "verdad" en tiempos neoliberales |
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El País|Lunes, 16 de agosto de 2010
Opinión.
Página 12. Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-151423-2010-08-16.html
Por Norma Giarracca *
La cuestión de “la verdad” ha estado muy conectada al pensamiento de la filosofía política. En los siglos XIX y XX, la “política” crítica y emancipadora fue considerada como una actividad humana productora de “verdad”; así la entendían Karl Marx, que tiñó a la ideología dominante de falsedad mientras adjudicaba a su teoría política la capacidad de develarla, y también Antonio Gramsci, que acuñó su famosa sentencia “la verdad es revolucionaria”. Cuando muchos filósofos políticos sostienen que en nuestros días esa política ha retrocedido para dejar un vacío que intenta ocupar la pura “política como gestión”, podemos comprender por qué el problema de la verdad está tan vapuleado y manoseado. La “verdad” ya no es un problema constitutivo de la política; por el contrario, en esta política con la que convivimos el sostenimiento de la falsedad o la mentira se presenta como un dispositivo central utilizado por los factores de poder en sus modos de gestión.
De ningún modo sostenemos que las relaciones sociales son transparentes o podrían serlo; pero la opacidad de las mismas y sobre todo cuando se trata de la gestión pública o de los bienes comunes, tiene que encontrar un límite establecido por la sociedad. Por eso nos preguntamos, ¿cuál es ese límite hoy? ¿Quiénes lo generan?
Asistimos a situaciones que ponen de manifiesto este retroceso de la “verdad” en los ámbitos del poder. El jefe de Gobierno porteño es procesado por permitir funcionar en su administración a un grupo que llevaba a cabo escuchas ilegales para no se sabe bien qué fines. Todos fuimos testigos de esos nombramientos y “contranombramientos” que lo han comprometido judicialmente; una y otra vez escuchamos y vimos a un Macri defendiendo a tal o cual personaje que ahora parece desconocer. No obstante, cuando unos jueces se toman en serio su trabajo y deciden procesarlo, vemos y escuchamos miles de veces por día “es mentira”, “yo no dije eso, lo dice el juez”, “no hay pruebas”. Se dice que quienes lo asesoran lo conducen a mantener ciertas posiciones y no apartarse de ellas bajo el supuesto de que a los porteños no les importan ni las escuchas ilegales ni las mentiras. ¿Qué hipótesis de ciudadano porteño tienen esos asesores? ¿Qué idea de sujeto están sosteniendo las políticas y los políticos del modelo neoliberal?
Esta situación de un dirigente de alta jerarquía mintiendo se nos muestra porque es una disputa dentro del poder político. Muchas personas importantes con acceso a los medios masivos ayudan a desactivar las estrategias de Macri-PRO y las mentiras aparecen con más nitidez que en otras ocasiones. Pero en muchas otras situaciones no sucede así porque los actores poderosos acuerdan en sostener aquello enunciado como verdad y la mantienen férreamente en el tiempo. Abandonemos el espacio político y vayamos al económico, donde la complejidad es aún mayor, ya que se trata de construcciones donde intervienen actores económicos (corporaciones internacionales) y políticos (gobernadores, ministros, etc.). Allí la cuestión de la “verdad” se juega, por ejemplo, en relación con las consecuencias de la actividad en cuestión: la minería a cielo abierto, las pasteras y papeleras, el agronegocio, y otras actividades extractivas. Recordemos que se trata de la utilización y gestión de bienes comunes.
Las corporaciones (léase UPM-Botnia, Barrick Gold, Monsanto, etc.) sostienen “no hay contaminación”, “no hay enfermedades alrededor de las instalaciones o fumigaciones”, etc., y el “principio precautorio” es enterrado junto con la primera víctima de la contaminación. En efecto, científicos, poblaciones enteras, médicos de las localidades pueden demostrar relaciones significativas entre los insumos de estas actividades (cianuro, glifosato, etc.) y desastres ambientales y de la salud pública, pero estos actores siguen manteniendo que “no hay contaminación”. El domingo 25 de julio, en este diario, dos científicas contaron sus hallazgos con referencia a la contaminación de las pasteras, pero se sigue sosteniendo “UPM-Botnia no contamina” y hasta la Corte de La Haya repite aquello que los poderes económicos internacionales quieren oír: “No hay pruebas”. Se seguirá manteniendo que las mineras, las pasteras, el agronegocio “no contaminan” tanto como sea necesario a los negocios. Cuando es necesario, hasta se recurre a la violencia, como sucedió en La Leonesa, Chaco, con el investigador Andrés Carrasco, para sostener que “el glifosato no contamina”.
Lo que deseamos mostrar es que estos modelos económico-políticos de tiempos de globalización neoliberal se ven obligados a sostener grandes mentiras debido a que saben que sus propuestas no favorecen a los conjuntos sociales, pero necesitan cierto consenso que emana de ellos. Recurren entonces a este dispositivo con el asesoramiento “marketinero” que trata de imponer “las verdades” (o no verdades) con la pura repetición. No obstante, algún espectro de aquella otra política emancipatoria ahora actualizada puede circular entre nosotros e iluminar la opacidad de estas relaciones con la acción humana y colectiva de variados actores. Allí es donde aparece la posibilidad de construcción de una “verdad” mínima y necesaria para mantener los lazos de confianza que sustenten la búsqueda de una sociedad mejor.
* Socióloga, Instituto Gino Germani (UBA).
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Debates políticos y terceros excluidos |
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El País|Lunes, 28 de junio de 2010
Opinión.
Página 12. Link a la nota:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elpais/1-148431-2010-06-28.html
Por Norma Giarracca
Sería necio no reconocer que vivimos uno de los momentos de mayor debate político en estos veintiséis años de democracia. Las condiciones de posibilidad para que esto ocurra tienen que ver con los escenarios internacionales atravesados por profundas crisis; las oportunidades de transformaciones estatales en la región; los cambios societales que resquebrajan viejas seguridades ontológicas (qué es un matrimonio hoy, por ejemplo); los quiebres epistémicos asumidos desde muchas disciplinas y registrados en sus consecuencias socioculturales y socioambientales; el giro lingüístico que descentró la historiografía tradicional; una filosofía reflexiva que ocupó el lugar vacío que la política emancipadora dejó en el siglo XX; cosmovisiones invisibilizadas por la modernidad que reaparecen e inquietan. Todo ello en escenarios de gobiernos de la región con mayor margen de autonomía frente a algunos poderes internacionales.
Estos debates políticos latinoamericanos recogen las tradiciones nacional–populistas, construcciones liberales, emancipaciones “internacionalistas”, y cada región le pone un componente propio emanado de historias de territorialización y la configuración intercultural en la formación nacional, así como el lugar y la intensidad de los movimientos sociales de nuevo cuño. Por eso, para la Argentina, si bien podemos coincidir en parte con Horacio González cuando reenvía a dos grandes corrientes de pensamiento en la configuración nacional –la liberal republicana y la nacional popular—, coincidimos y nos alegramos cuando otro intelectual cercano a él, Diego Tatián (en Página/12, 21 de junio), advierte el peligro de caer en dicotomías mediáticas o emanadas de necesidades analíticas para una descripción del presente debate intelectual.
¿Cómo dudar de la importancia de la corriente “liberal republicana”, expresada en tiempos contemporáneos por intelectuales que fueron cercanos al “alfonsinismo”, o de la “nacional popular”, expresada por el grupo Carta Abierta, cercano al “kirchnerismo”? Sendas corrientes se reflejan hegemónicamente en nuestra vida nacional y ambas nos legaron pensamientos significativos, y otros dignos de ser criticados. Por ejemplo, no se puede seguir levantando figuras como las de Sarmiento y Alberdi sin revisar el grado de discriminación y racismo que destilaban; no se puede seguir sosteniendo la categoría “pueblo” para ocultar sistemas de desigualdades que invisibilizan sufrimientos sociales de sectores que la Nación “subalterniza” o aceptando sin más la propuesta desarrollista. Pero en estos tiempos, además, no se pueden seguir negando a las poblaciones en lucha (al margen de los viejos esquemas sindicales); no se puede hablar de desarrollo sin referir al modelo extractivista vigente y desconociendo la crítica de la ecología y las teorías del post-desarrollo.
En fin, en esa dicotomía expresada de modo didáctico por González falta un tercer conjunto de pensamientos que cuestiona paradigmas societales y epistemológicos, y arrastra con fuerza “deconstructiva” las ideas que acompañaron a varias generaciones, como “desarrollo”, “progreso”, “representación política”, “democracia delegativa”, cuestiona la “tecnociencia”... Son pensamientos de márgenes, de frontera, “conocimientos desde el Sur”, que siguen novedades sociales, políticas, culturales (sólo ejemplificar con la televisión argentina transmitiendo una asamblea, ejercitando la democracia directa). Son pensamientos que siguen los campos de experimentación en todos los registros; que tributan a la ecología política; a los estudios de movimientos sociales; al pluralismo jurídico e institucional; a los intelectuales indígenas, que siguen con interés el despliegue de poder instituyente de los sujetos, las nuevas formas constitucionales y la ecología de saberes, de tiempos y formas de vida; la democratización de la ciencia. Pueden estar atravesados por ideas liberales o nacionalistas populares, pero muestran siempre un excedente que es lo digno de focalizar, y tal vez lo que marca la distancia con los pensamientos tradicionales y, sobre todo, con quienes hoy –de uno u otro lado– son incapaces de criticar el modelo de desarrollo extractivo y devastador que hipoteca el futuro de la Argentina o del resto de los países con gobiernos llamados “progresistas”. Son pensamientos que circulan diariamente por las redes de Internet; que se despliegan en foros, en las cumbres de pueblos indígenas; en Vía Campesina; que cuentan con notables referentes internacionales (algunos colaboran con este diario, como Boaventura de Sousa Santos, Walter Mignolo, Immanuelle Wallerstein); son pensamientos fáciles de comprender por los jóvenes universitarios y algunos políticos comprometidos con los movimientos sociales, por los medios radiales y escritos no monopólicos. Sin embargo, este conjunto de pensamientos –difícil aún de categorizar como corriente– no parece inquietar a quienes, de una u otra vertiente, se ocupan de debatir el futuro democrático del país.
* Socióloga, investigadora del Instituto Gino Germani (Sociales-UBA).
Tema: Toro Negro (Miguel Wahren)
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